Cuenta
la historia que un 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumiére
presentaron en Lyon, Francia, las primeras imágenes en movimiento de la
historia, lo que en ciencia se conoce como "Cinética". En dichas imágenes se podía observar un grupo de trabajadores
saliendo de una fábrica, la demolición de un muro y la llegada de un
tren a vapor.
Cuentan que la impresión de la selecta audiencia fue tanta que
muchos se horrorizaron temiendo que el tren se saliera de la pantalla. Me
pregunto como se comportarían esos, los primeros cinéfilos, viendo en tres dimensiones a un
superhéroe por los rascacielos de Nueva York, o escuchando explosiones en
el sonido envolvente de los cines actuales.
Y es que durante estos más de 115 años las pantallas nos han llevado a
otros mundos, han traído a personajes del pasado al presente, nos ha
presentado el dolor y la felicidad del ser humano, nos ha enseñado lo
peor y lo mejor de nosotros mismos, sin importar tiempo o lugar, algo que el ser humano únicamente ha podido lograr en el cine. Y es que su influencia ha sido tanta que ha significado inspiración para científicos, pensadores y políticos del último siglo. ¡Cuál otra expresión del arte ha podido lograr esto!
Sin embargo, lo único que no ha cambiado en este tiempo es ese mismo asombro que mostraron los franceses de finales del siglo XIX y es lo que nos hace llenar las salas de cine todos los fines de semana, compartir conversaciones con amigos, considerar enamorar a esa chica que nos gusta llevándola al cine, y hasta compartir esta pasión con nuestros hijos.
Los invito a que iniciemos este viaje a continuar siendo parte de la historia del cine y a que vivamos en conjuto esta pasión que también desde este rincón del mundo sentimos por el sétimo arte y que nos convierte en unos perfectos "Cinéticos".




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